domingo, 30 de enero de 2011

La lepra


La Fundación Fontilles, situada al norte de la provincia de Alicante y con más de 100 años de servicios a los enfermos de lepra, abre sus puertas para mostrar cómo viven los antiguos pacientes hoy residentes y de qué manera investigan y ayudan a formar especialistas en esta patología que en la actualidad se encuentra sumamente controlada pero que aún provoca el rechazo de estos personas en todo el mundo. En España aún se detectan más de 15 casos al año.


"Cien años trabajando por un mundo sin lepra"

Una enfermedad más, que no está erradicada y para la que existe un tratamiento eficaz y que además es gratuito. Así define y explica qué es la lepra el director médico de la asociación Fontilles, José Ramón Gómez, un centro de referencia nacional y mundial para el cuidado, estudio e investigación de esta patología y que está ubicado en el municipio de La Vall de Laguar, al norte de la provincia de Alicante. El doctor Gómez destaca además que la lepra tiene la suerte de contar con un día mundial reconocido por la Organización Mundial de la Salud, "un día en el que nos interesamos por esta enfermedad que se agrupa dentro de las desatendidas en todo el mundo".

Diversos mitos han rodeado siempre a la lepra, sin embargo, el tiempo ha demostrado que se trata de una enfermedad de origen bacteriano muy poco contagiosa y que se da en condiciones de hacinamiento, falta de higiene y pobreza. Según los datos que presentará mañana la asociación, en España se registran cada año entre 15 y 20 nuevos casos de lepra, en la mayoría de ellos se trata de inmigrantes subsaharianos o de países de Centroamérica o Brasil. No obstante también existen pacientes autóctonos, en general de zonas históricamente endémicas como Andalucía, Galicia y Levante. Todos estos enfermos -que son remitidos de cualquier parte de España al centro alicantino- reciben el tratamiento en una fase muy inicial de la patología, por lo que no llegan a desarrollar las secuelas típicas por las que se conoce la lepra, es decir, mutilaciones o deformidades en los miembros periféricos (pies, manos, ojos).

Por otra parte, los datos globales no son tan alentadores, ya que en 2009 se registraron 244.769 nuevos casos en 28 países diferentes, siendo Brasil y la India los que agrupan al mayor número de perjudicados. Conscientes de esta situación, los especialistas de Fontilles realizan proyectos de cooperación en estos países, en los que principalmente se imparte educación sanitaria.

El diagnóstico es sencillo, según detalla el jefe de laboratorio de Fontilles, Pedro Torres, uno de los especialistas más veteranos en la asociación, con una trayectoria de 30 años en el centro. En primer lugar se estudian las manchas que normalmente presenta un paciente del que se intuye que manifiesta esta enfermedad a través de un pequeño corte, una vez confirmado el diganóstico pasa al pabellón médico para ser tratado y para recibir el tratamiento correspondiente, formado por tres fármacos: dapsona, rifampicina y clofazimina. Periódicamente los enfermos acuden a Fontilles para controles rutinarios, pero según subrayan tanto Gómez como Torres, una vez que se le proporciona tratamiento a un paciente el contagio es prácticamente imposible. Fontilles es una gran familia, que cuenta con alrededor de 300 miembros, entre trabajadores, voluntarios, residentes, pacientes itinerantes, jesuitas y franciscanas. En un valle de 739.000 m2 se levantan los diferentes edificios, algunos con más de cien años de antiguedad. Una pequeña población que se convirtió en el hogar de los numerosos enfermos de lepra a principios del siglo XX que abundaban en la zona mediterránea. Hoy sólo quedan 48 antiguos pacientes que no tienen la enferemedad activa pero para quienes Fontilles es el hogar que han conocido desde jóvenes.


La asociación realiza múltiples e importantes tareas en la actualidad. Entre los principales proyectos que se llevan a cabo destacan los campos de la formación y la investigación. Especialistas de Hispanoamérica acuden tres o cuatro veces al año para recibir cursos de instrucción, en los que la educación sanitaria y el diagnóstico precoz son primordiales. Por otra parte, las líneas de investigación se dirigen a descubrir cómo acabar con las nuevas formas de resistencia que presentan algunos pacientes al tratamiento, un problema para los países pobres, ya que si bien los fármacos son gratuitos, el costo de éstas variaciones del tratamiento debe asumirla cada estado, que en general no cuentan con el presupuesto para ello. El jefe de laboratorio destaca que dado que la lepra no resulta "interesante comercialmente para las empresas farmacéuticas", no existen casi fondos para la investigación de una posible vacuna, aunque en Fontilles no están decididos a rendirse.




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